Tal vez si supieras como me cuesta, a menudo, arrastrar mi existencia a lo largo del día entenderías...
Tal vez porque no nos vemos tanto juzgas que no tengo gran historia, porque entiendes mi ambición pero desconoces que he estado en blanco.
Tal vez porque comprendo no entiendas que casi siempre ando con el corazón roto y ya ni ayuda necesito, sino vivir en la pérdida y resucitar, hasta que resucitar sea cada vez más frecuente o la caída sea definitiva.
Te imité soltando canción al viento, sin "maktub" ni nada: canción sola.
Te soñaba, te encuentro en cada estación, finjo, es cierto (y no sé si decías tú algo así, pero así lo pienso) estás cual sigilo al lado para estar yo al tuyo y "per non morire al primo incontro".
Me invade Melancolía, y sin hacer notar, viajo a pasado y futurible en fantasías. Como de costumbre, entendernos cuesta, por palabras mal cruzadas. Supongo, me querrás callada: ¿Aún me extrañas? ¿Me echas de menos? Aunque quiera no puedo odiarte, pero intento. Aunque no quiera, he de amarte; Sé que te inquieto. ¿Llegará hasta ti lo que yo siento? ¿ Viajará hacia ti lo que yo pienso? Déjà - vù tras déjà-vù, y a saber si hay algo cierto.
Siento que la noche me entiende mejor, que ella escucha el sutil sentimiento; me gusta pensar que viaja hacia ti y en algún momento del sueño nos perdonamos.
En el silencio está la señal: ¿será posible oír aquí dentro?
Dame otra clave que no cuestione, a excepción de si lo que traes no es bueno; en ese caso, deja el silencio abierto para no lograr jamás entenderlo.
Ahora vuelvo a recordar que en aquel entonces, cuando aún escribía a lápiz, me hacía la misma pregunta de porqué el habla no es canto, por qué el canto no es habla o por qué no vivimos cantando.
Mañana y hoy poco habrá que no se cuestione si tu tragedia hubiera sido evitable de haber conocido a tiempo un regazo más amable.
Cuentan que con la misma torpeza creció otro amor, donde por última vez fue sofocado el interminable sufrimiento, para dejar sus brazos más vacíos que nunca.
De arriba se puede ver que al lado, hubo quien, alado, acogió al fin esa historia tuya en un abrazo más liviano.
Seguro que la última vez que nos hemos visto ya estaba padeciendo por esta alienación de la adaptación excesiva; no ha sido si no, una vez más, que hasta la más crítica urgencia no me sentí merecedora, o al menos resignada a atender y recuperar el centro.
En el fondo es simple, y es de esa sencillez desarrollada que viene lo complejo ¿entiendes?; y aunque no, seguiré con la tarea de volver a ello.
Días atrás pensaba en esas máscaras de atajo que hacen del vínculo sólo un público.
"Anacronópete" no es suficiente para alas de Pegaso.